Lo más inquietante de la MTV es su dominio por las fuerzas del mercado y la promoción de valores homogeneizados y monoculturales. Por supuesto, hay de vez en cuando vídeos “artísticos” innovadores de directores como Spike Jonze y Joseph Kahn, pero por lo general los vídeos ejercen un efecto entumecedor sobre la mente con sus formularias tomas glamurosas, sus decorados, sus pseudodocumentales de escenas callejeras y sus animaciones en neón. Los decorados llenos de coches relumbrantes y bellas mujeres con abrigo de piel o en bikini hacen de la MTV el vehículo perfecto para la promoción de productos: los vídeos alternan sin solución de continuidad con palpitantes anuncios de champúes, Levi’s, pasta de dientes o incluso el ejército, MasterCard, Cadillacs y seguros de vida. Estos implacables anuncios, combinados con el objetivo mercantil fundamental de los propios vídeos -vender a las estrellas, desde Madonna hasta Eminem y Sisqo-, podrían alarmar a Marshall McLuhan y a Walter Benjamin. Difícilmente podrían creer que la MTV haya facilitado una mayor participación democrática y fomentado la conciencia crítica de los espectadores de todo el mundo reunidos en una auténtica aldea global. Por el contrario, amenaza homogeneizar el mundo convirtiéndolo en una zona comercial suburbana de norteamérica, atestada de establecimientos de McDonald y Gap.

Cynthia Freeland, “Pero ¿esto es arte?


Un comentari a “Pero ¿esto es arte? I”  

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