Hacia los años 20 del siglo XIX se vuelve a cambiar, primero en literatura en Inglaterra, y posterirmente en Alemania, donde se propulsará este movimiento (Sturm & Drung). Se abandona la rigurosidad y la frialdad.
Aparece la pintura de la historia, que cuenta momentos históricos, escenas, con mucha expresividad y movimiento. La arquitectura que envuelve la escena es clásica, no se pierde. Arte más narrativo (poemas sinfónicos).
Representan estados más propios, originales del hombre (música nacionalista): campesinos, seres humanos primeros de la civilización, dentro de los paisajes propios que los envuelven. Esto hace que el artista pinte directamente de la situación y el paisaje se convertirá en un género pictórico como luz de la realidad, efectos que la luz produce en nosotros.