En 1920 una acuarela abstracta de Kandinsky supone la llegada al extremo del Impresionismo. Importancia máxima del color y su contraste, sin dibujos ni formas. El arte no tiene porqué copiar la realidad, tiene que mover los sentimientos por el mismo.
La arquitectura será la menos influenciada pero se despejará de ornamentación y de todos los elementos clásicos como espacios, superficies, paredes y pilares. Pero sobretodo desparace el concepto de orden.
A partir de aquí se sitúa lo enteramente contemporáneo, los istmos, la voluntad por romper bruscamente con lo anterior. Cada artista será original con un código tan personal y novedoso que no será compartido.
Este hecho se acenturá después de la segunda guerra mundial.