Se trata de una manera de embellecer, hacer más solemne la liturgia cristiana. En el inicio de estos dramas se encuentra una mínima acción teatral (pequeño diálogo musical) que se representaba en el tropo del introito de la misa del Domingo de Pascua. Se produce entre un cantor que hacía de ángel y tres cantoras que se vestian de Marías: Quem Quaeritis.
El desarrollo de este introito dió lugar a la representación de otros dramas del mismo estilo: Drama del Navidad, en el introito de la misa de la noche de Navidad, en el Puer Natus Est, cuando los pastores van a adorar a Jesús; lo mismo para la Epifanía.
Pasaron a representar escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento. Posteriormente vidas de Santos.
Aparecen dos nuevas formas musicales sobre las que se estructura. Se produce una sucesión de:
En realidad no hay acción dramática ni caracterización, solamente hay canto. Derivará en los auto-sacramentales y los dramas medievales.
La música no será de composición original, sinó que se toman melodías del gregoriano. Los himnos eran mezclas de composiciones preexistentes, toman varios materiales. Los recitativos seguirán las fórmulas del tono.
A partir del s.XI y XII los textos poéticos que acompañan los himnos empiezan a hacerse con poesía rimada, como la poesía en lenguas vulgares. Aparece la forma estrófica, donde solamente cambia el texto porque la música se repite.
Los dramas litúrgicos que quedan se han ido adaptando a las nuevas formas y los nuevos estilos musicales.