Se inician alrededor del año 313, cuando el emperador Constantino liberaliza el culto cristiano en el Imperio. Se solemniza la liturgia cristiana, se desarrolla. Esto se acentuará a partir del s.IV cuando se hace oficial. Se amplía la liturgia. Con la expansión del cristianismo, la música litúrgica de esta segunda generación será diferente de la primera, pues cada pueblo tiene sus costumbres y sus tradiciones.
En el 375 d.C. el Imperio Romano se divide gracias a Teodosio. El Occidental es sometido por los pueblos bárbaros y se fragmenta. También se fragmenta la unidad cristiana por su expansión.
A partir del s.IV los pueblos bárbaros se introducen en el Imperio Romano y lo van fragmentando, estando estos nuevos territorios incomunicados. Por tanto la liturgia será diferente en cada territorio, conformando las Liturgias Nacionales: cada territorio de la Iglesia tiene su propia liturgia y su propia misa. Se trata de una unidad de creencias pero de una aplicación práctica diferente. La diferencia estará en el orden de los rezos y en la forma en que se hacen. La música utilizada será diferente pero prácticamente igual, ya que el ritmo lo impone el texto. Posteriormente formarán el canto gregoriano.
Se tratará de música vocal, al servicio de la oración, por tanto acompañada de texto en latín, texto religioso de la Bíblia o el caso de los himnos. El ritmo y el tempo estarán impuestos por el texto. Sumisión de la melodía a la palabra, pendiente de la pronunciación del texto. Será modal: melodias con una nota que marca mayor interés. Sin alteraciones. Utilizarán intervalos naturales y el ámbito será estrecho, de un tetracordo y en grados conjuntos. Sencilla compositivamente y melódicamente. Será monódica y vocal.
Las fuentes escritas no pertenecen a esta época, por lo tanto no conocemos su evolución. Su transmisión era oral, pues no había notación. Lo que nos ha llegado será música muy ornamentada, variante según la liturgia.
En principio distinguremos entre liturgias orientales y occidentales a causa de la división del Imperio y por el cisma, la división de la Iglesia. Los orientales utilizarán la lengua griega y los occidentales la latina (excepto el kyrie, en griego).